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Andrea Molaioli, Chabrol, cine dolomitas, Denis Fasolo, influenciado por Chabrol, La ragazza del lago, No mires atras, thriller italiano, Toni Servillo
MIRANDO HACIA ATRÁS, HACIA EL CLASICISMO.-
DIRECTOR: Andrea Molaioli.-- GUIÓN: Sandro Petraglia, Ludovica Rampoldi, sobre novela de Karin Fossum.-
- FOTOGRAFÍA: Ramiro Civita (C).-
- REPARTO: Toni Servillo, Denis Fasolo, Nello Mascia, Fausto Maria Sciarappa, Marco Baliani, Giulia Michelini, Franco Ravera, Sara D’Amario, Heidi Caldart, Fabrizio Gifuni.-
- MÚSICA: Teho Teardo.-
- GÉNERO: Thriller.-
- AÑO: 2007.-
- PRODUCTORA: Indigo Film, Medusa Film.-
- DURACIÓN: 95 min.-
- TÍTULO ORIGINAL: “La Ragazza del Lago”.-
- PAÍS: Italia.-
Como buen amante de ese crímen perfecto del que con avidez hablaba Hitchcock, fuí entusiasmado al cine a disfrutar del primer largometraje de Andrea Molaioli, un thriller de intriga que rodara allá por 2007, en un idílico pueblo de la cordillera de los Dolomitas. Estrenándose en Madrid, el 22 de Abril de 2011, casi cuatro años después de su estreno en Italia.
Basado en la novela homónima de Karin Fossum, que traía el premio a la mejor novela policiaca escandinava bajo el brazo, me encontré con una cinta de un prodigioso gusto clásico, aroma a cine negro europeo y pulcritud y compromiso con un cine de calidad, que rezuma academicismo, aunque como contrariedad se sienta escasa en cuanto a sentimiento, a corazón. Y este sea quizá el peaje, que pague el director, en un gran debut.
Como toda buena película, basa la trama en una idea simple, clara y concisa. La aparición del cadaver de una bella joven, a la orilla de un idílico lago, es su trágico punto de partida. A partir de ahí, Molaioli comienza a jugar a ese maravilloso solaz de hacer desfilar posibles culpables, que se enfrentan a un Comisario de Policía con malas “pulgas”, interpretado por un Toni Servillo, (Gomorra, Il Divo) que no termina de convencerme, por mostrarse forzado tanto en el plano sentimental como en el de duro policía, pero que mantiene su artesanía interpretativa y su rostro imperturbable.
La cinta pide a gritos una inevitable comparación con el cine de Chabrol, que se presenta como su primordial influencia e influjo. Evidentemente sale perdiendo, pero acepta con orgullo y dignidad tan arduo reto. Se muestra excesivamente tibia, le falta la dureza necesaria para contar un relato desagradable y enfermizo de por sí, en ese marco tétrico y realista del cine del francés, pero Molaioli escapa a tan crudos lamentos, con un sentido del ritmo “in crescendo” que me invita a compararlo con un vals, por su sofisticada y bella gracia para medir el tempo narrativo, en un refinado trabajo de montaje. Sus preciosos encuadres sobre planos generales de este bello paisaje del norte de Italia se advierten que “ni pintados”, para el baile de la cámara, como un clásico narrador omnisciente. Esto es lo más valioso de la película, la capacidad del director de poner en imágenes todo ese rebosante clasicismo, del que es buen conocedor.
La composición fotográfica es rotundamente original y el uso de los espacios, la situación de la cámara, y su movimiento, le aportan la amplitud artística de la que carecen los personajes en un guión que no termina de funcionar. Y no termina de funcionar porque intenta justificar la parte más dramática de la historia con una enfermedad o una inestable relación paterno-filial, pretendiendo así crear el drama de la forma, quizá, más fácil. Tengo la opinión de que es infinitamente más fácil, apelar a la sensibilidad del espectador con un drama sobre el holocausto, que con un thriller intimista como es el caso, hecho que me lleva a la conclusión de que el cine de género está injusta y profundamente minusvalorado.
La trama principal está rodeada, en un acierto pleno de guión, de subtramas destinadas con virtud, a una necesaria confusión, pero no termina de profundizar en los personajes, alejándose más de lo esperado del cine clásico al que apela constantemente. El mejor ejemplo de ello, es la introducción de una bella y tétrica leyenda constatada en el personaje de una niña.
La música de piano de Theo Teardo, es del todo poco apropiada, por no generar tensión y estar en consonancia con el paisaje, más que con la historia. Es una pena que no esté mejor ambientada desde el ámbito sonoro.
Una película con aroma clásico y una dirección preciosista que bien podría haber llegado a ser un gran largometraje, pero no termina de serlo, a pesar de atreverse a remodelar las reglas de su género, el thriller.