GUIÓN: Sydney Boehm sobre novela de William P. McGivern.-
FOTOGRAFÍA: Charles Lang (B&W).-
REPARTO: .- Glenn Ford, Gloria Grahame, Jocelyn Brando, Alexander Scourby, Lee Marvin, Jeanette Nolan, Peter Whitney, Willis Bouchey, Robert Burton, Adam Williams, Howard Wendell, Chris Alcaide.
MÚSICA: Daniele Amfitheatrof.-
GÉNERO: Cine Negro.-
AÑO: 1953.-
PRODUCTORA: Columbia Pictures.-
DURACIÓN: 90 min.-
TÍTULO ORIGINAL: “The Big Heat”.-
PAÍS: U.S.A.-
Obra maestra de género negro, rodada en estudio y producida por Columbia Pictures en 1953. Fue estrenada el 14 de Octubre de ese mismo año y premiada con el Edgar al mejor guión. Se basa en un serial del Saturday Evening Post, revista estadounidense famosa por las ilustraciones de Norman Rockwell. W.P. Mcgivern, la escribió mientras se convertía en un prolífico escritor y guionista, cuyas novelas fueron llevadas al celuloide por gente como Lang, en este caso, o Roy Rowland con la historia de “Prisionero de su traición” (“Rogue Cop”, 1954).
Narrativamente, es una historia de venganzas, rebeldías y justicia, sobre la moral, el poder y la libertad. Está ambientada en su presente, en una ciudad imaginaria llamada Kenport, localizada en E.E.U.U. El sargento Dave Bannion, magistralmente interpretado por Glenn Ford, emprende una cruzada contra la mafia de la ciudad, que la ha covertido en un lugar corrupto e inhóspito. La prohibición de sus superiores de investigar el suicidio de un compañero, desencadena toda la trama.Me llama especialmente la atención, lo bien que se adapta la temática negra, de los años 40 y 50, a los tiempos que vivimos.
Es una película de género negro puro, aunque sin tramas escondidas, ni dobles lecturas. Su sencillez se convierte en su mayor aliada y rompe en cierto modo con la narrativa propia de su género.
En cuanto a la estética y la fotografía toma como influencia el expresionismo alemán, modelo del cine negro y del propio director en su etapa europea, en grandes clásicos como “Metropolis” (1927) o “El Doctor Mabuse” (Dr.Mabuse, der Spieler, 1922). Con un extraordinario uso de la luz, nos muestra esos claroscuros y fuertes contrastes tan abruptos que se entrelazan a la perfección con una historia de sobornos, crímenes y ambigüedad moral. Pero la magia lograda por Charles Lang, en este sentido se asienta sobre una fotografía más amable y menos recargada que en otros clásicos del cine negro como “Sed de Mal” (Touch of Evil, 1958) o “Perdición”, (Double idemnity, 1944) otorgándole al film un tinte más suave, amable y comercial, que lejos de perder potencia narrativa, alcanza una belleza extraordinaria. Con esta cinta Lang se acerca al mainstream de la época dorada en Hollywood, con una composición global más afable estéticamente, que su etapa europea y sus primeros años en América, donde triunfó con cintas más oscuras como “Perversidad” (Scarlet Street, 1945) o “Gardenia Azul” (The Blue Gardenia, 1953).
Lang tenía la capacidad que han tenido los genios del cine, de dominar las relaciones humanas en la pantalla. El guión es excelente, pero la dirección lo convierte en magnífico al crear poéticas empatías entre sus personajes, hecho patente en encomiables escenas como las que comparten Glenn Ford y Jocelyn Brando en la cena con el bistec. Representa a la perfección las ideas de su tiempo, con este matrimonio “perfecto”, que no existe, aunque debería existir y aprovechando tal circunstancia, rompe el guión, con un punto de inflexión exuberante y salvaje, desde el punto de vista narrativo. Tan sencillo como potente y convincente. Extrapolando estas ideas maravillosamente sencillas, me viene a la mente una película de menor calidad, pero con la misma capacidad para esa sensibilidad tan interesante, como es “Gladiator” (2000).
Es una historia de personajes, de buenos personajes, así que como no podía ser de otra forma, Fritz Lang encontró grandes actores para esos grandes personajes.
Glenn Ford, en la interpretación del Sargento Dave Bannion está espectacular. Consigue en la primera parte de la cinta transmitir una serie de matices muy agradables encaminados a la presentación de su personaje y a lo que será la base de la trama: su matrimonio con Katie, interpretada por Jocelyn Brando, hermana del inconmensurable Marlon Brando y la relación que tienen con su hija. A parte de dar cabida a un policía genérico, pero con mucho estilo, que no fallará en su empeño por demostrar la verdad. En la seguda parte, cuando la película se convierte en una historia donde prima la violencia, su personaje encuentra esa profundidad necesaria y crece en calidad y en matices. Quizá no sea tan bueno como su protagonista en “Gilda” (1946), pero es excelente, muy distintos, pero de una dificultad parecida. Dibuja a la perfección un personaje muy bien escrito que se descubre como un hombre de honor y avezado sabueso, para el que la justicia, el honor, la dignidad y el amor, lo son todo. La pureza del hombre justo frente a una sociedad podrida hasta las entrañas.
Gloria Grahame está magnífica como “femme fatal”, perfecta en ese tipo de personajes y con una serie de matices y controversias morales muy interesantes. Su amplitud de registros le permite viajar dramáticamente, con la perfección estilística de una bailarina de ballet, desde un personaje zafio e infantil, hasta lugares propios del mejor melodrama, con absoluta destreza. Empecé a admirar fervientemente a esta actriz tras ver la película en cuestión y no creo que quede rezagada como diva del cine negro aún comparándola con estrellas de la talla de Rita Hayworth o Lauren Bacall.
Lee Marvin realiza uno de mis personajes favoritos a lo largo de sus numerosas películas, en un papel de segundo del jefe de la mafia, interpretado por Alexander Scourby. Es un personaje de los que dejan huella, un gran villano. Se trata de su quinta película y su primer gran papel, que le ofrece la oportunidad de eclosionar como actor y de convertirse en uno de esos intérpretes memorables que particularmente me maravillarán siempre. Es un auténtico lujo, verlo tan joven actuando tan sobria y concienzudamente, aún en un personaje que se mueve por terrenos pantanosos. La escuela del Western, hizo de Marvin un espléndido actor.
Jocelyn Brando, realiza un papel encomiable que sigue la estela de la actuación de Grahame a la perfección. En un papel por completo antitético de la “femme fatale”, inunda la pantalla con un personaje tan grato como vital para la historia, a base de dulzura, educación, cariño y templanza, todo ello desde el marco de una perfecta evocación interpretativa.
Si la fotografía es un adalid expresionista llevado con destreza a los parámetros del cine comercial de la época, los escenarios no hacen más que reafirmar las ideas del género. El clásico bar, donde la orquesta toca jazz hasta la madrugada, una mansión que bien podría haber sido la del general millonario en “El sueño eterno” (The big sleep, 1946), y una terraza oscura y tétrica que sirve de ventana hacia el futuro, con una evocadora y entrañable ciudad nocturna de cartón piedra de fondo, son algunas de sus negras y cuidadas localizaciones.
Otro punto interesante es el vestuario, que encumbra a los dos protagonistas con acertada poética visual. Glenn Ford se enluta en esa mítica gabardina gris de detective para enfrentarse al mundo y Gloria Grahame hace de la maldad y la bondad, auténtica genialidad, con sus vestidos de noche y sus pendientes de lujo, cómo si de una bellísima y anti-ética sirena se tratase.
La música de Daniele Amfitheatrof, aporta siempre el dramatismo necesario que apoya a cada escena. Su concepción compleja nos va dibujando sensaciones de todo tipo en función de las situaciones. Utiliza orquestas recargadas, que con brillante potencia crean perfectas intrigas con acordes siniestros y oscuros. Mezcla el jazz cabaretero, como es de ley en el género, con acordeones con aires tangueros o música que se acerca a lo infantil, en una creación heterogénea y majestuosa.
Supongo que en el cine actual, se consideraría exótico plantear historias que tratan de la lucha contra el poder, de forma políticamente desinteresada, siendo una idea tan bohemia, utópica e inocente. Pero por eso mismo, retorno una y otra vez a los clásicos, porque siempre destilan esa sensación de autenticidad, que ahora es simplemente algo trasnochado y olvidado.
Una obra maestra sobre la violencia de una sociedad corrupta. Imprescindible.
FOTOGRAFÍA: Eric Alan Edwards y John J. Campbell.-
REPARTO: River Phoenix, Keanu Reeves, James Russo, William Richert, Rodney Harvey, Chiara Caselli, Udo Kier, Grace Zabriskie, James Caviezel, Tom Troupe.-
MÚSICA: Bill Stafford.-
GÉNERO: Drama, Road Movie.-
AÑO: 1991.-
PRODUCTORA: New Line Cinema.-
DURACIÓN: 104 min.-
TÍTULO ORIGINAL: “My own private Idaho”.-
PAÍS: U.S.A.-
De entrada he de reconocer que hay trabajos del Sr. Van Sant, que me atraen profundamente por su sensibilidad, crudeza y trato de los sentimientos. Véanse “Drugstore Cowboy” (1989) o “Descubriendo a Forrester” (Finding Forrester, 2000) con un Sean Connery espectacular. De entrada que me encanta el cine independiente, cuando es bueno. De entrada que veo esta peli llena de trampas, con la idea del director de convertirse en adalid ultramoderno y abanderado del cine indy de su tiempo.
Como auténtico rebelde, creo que es acertado influenciarse fuertemente por el primer y paradigmático rebelde de Hollywood, el icónico maestro del cine nacido en Kenosha el 6 de Mayo de 1915, Orson Welles. Eso me parece fantástico, y si en vez de influenciarnos por “Ciudadano Kane” (Citizen Kane, 1941) o “Sed de Mal” (Touch of Evil, 1958) nos dejamos llevar por la adaptación de este buen amante del queso y el fino patrios, de obras de Shakespeare, como “Enrique IV”, “Enrique V” y “Las alegres comadres de Windsor”, el morbo intelectual es tan supremo, que saldrás vencedor en el festival de Venecia, sin ningún género de duda. Muy bien, señor Van Sant, pero copiar escena por escena, “Campanadas a Medianoche” (“Chimes at Midnight”, 1965) durante cincuenta minutos, cambiando al príncipe Hal y a Falstaff, por un grupo de jóvenes marginados en la ciudad de Portland, me parece tan moderno, que de moderno se convierte en absurdo.
Si la primera hora de película es una adaptación de Welles o Shakespeare, la segunda hora casi en su totalidad pone sobre el tapete la novela de John Rechy “City of night” (1963). Lo que deja las capacidades adaptativas de Van Sant en muy buen lugar, muy al contrario de su originalidad. A partir de ese lugar, podríamos hablar de una serie de rasgos narrativos, estéticos y técnicos y llenar páginas y páginas con ellos, pero a mi esta idea no me seduce ni lo más mínimo.
Me parece una película del todo manipuladora, si el guión carece de ideas que no sean de Shakespeare y Rechy, la fotografía que firman Eric Alan Edwards & John J. Campbell, no es que sea herencia, es que es una metódica copia de los ambientes creados en las cintas de la época de David Lynch. Y seguimos reafirmando la obra como algo netamente independiente. Un año antes había rodado una maravilla como “Corazón Salvaje” (Wild at Heart, 1990) y cinco años antes mi querida “Terciopelo Azul” (Blue Velvet, 1986) con los mismos ambientes oscurecidos y tétricos en el tema de la iluminación y la fotografía y con la misma sensación de marginalidad irreverente en sus temas.
El caso paradigmático de River Phoenix, en esta obra me parece igualmente tramposo. En ese intento de recuperar el estilo brillante de James Dean, se le ofrece a Phoenix su rebelde sin causa particular, pero ni Phoenix es Dean, ni Van Sant es ni mucho menos Nicholas Ray. Su interpretación es correcta, pero sería interesante imaginarse en River Phoenix, un tío feo, pongamos por ejemplo a Bogart, con la idea de dirimir, cuanto tenemos de cara bonita y cuanto tenemos de buena interpretación. En mi opinión abunda lo primero y la sobreactuación.
Keanu Reeves realiza una interpretación que me ha convencido más que la de Phoenix, por su integridad y por no verle sobreactuado en ningún momento. Su personaje es más interesante y está mejor interpretado. Queda en la memoria siempre, el personaje del príncipe Hal de Welles, que es el que marca el tono de este.
La interpretación de William Richert no hace más que dejar a nivel de vulgaridad, aquel maravilloso personaje de William Shakespeare, que con tanto amor por la interpretación y tanta habilidad interpretativa, pusiera rostro aquel ya gordinflón, Orson Welles.
Donde sí puede llegar a acertar Van Sant, es en el análisis de las relaciones de los personajes. El amor, la homosexualidad, las drogas y sobre todo, la búsqueda de la identidad a través la familia, a través de una madre. Es el único reducto apetecible de la narración. Fuera de toda esa morralla superficial que inunda esta película, queda un lugar importante para lo único que es importante en ella. El amor carnal, la amistad y el amor por la familia.
Bill Stafford, un gran bluesman blanco, músico de country y pionero del steel guitar, se encarga de una apropiada banda sonora.
Esa intención del autor de rellenarlo todo de una superficialidad modernilla y de mezclar unas cosas con otras, dejan aparcada la buena perspectiva de hacer una Road Movie que podría haber sido de las buenas, un viaje psicológico y físico, a los que tanta admiración profeso.
LUCES Y SOMBRAS DEL BARROCO. EL POLICÍACO EN SU MÁS COMPLEJA EXPRESIÓN.-
DIRECTOR: Orson Welles.-
GUIÓN: Orson Welles sobre novela de Whit Masterson.-
FOTOGRAFÍA: Russell Metty (B&W).-
REPARTO: Orson Welles, Charlton Heston, Janet Leigh, Marlene Dietrich, Joseph Calleia, Akim Tamiroff, Dennis Weaver, Ray Collins, Mercedes McCambridge, Joseph Cotten, Zsa Zsa Gabor.-
MÚSICA: Henry Mancini.-
GÉNERO: Cine Negro.-
AÑO: 1958.-
PRODUCTORA: Universal Pictures.-
DURACIÓN: 108 min.-
TÍTULO ORIGINAL: “Touch of Evil”.-
PAÍS: U.S.A.-
He vuelto a ver una vez más, la versión restaurada de “Touch of Evil”, esa que quizá llegue a parecerse al montaje que Welles hubiera deseado, según el informe que pasó a Universal en 1957, tras revisar la versión de la productora con escenas adicionales que modificaron y desvencijaron su idea del largometraje.
Sin entrar en más disyuntivas sobre los distintos montajes dejaré reseña de mi opinión sobre una de las obras maestras del cine negro, con la premisa y el recuerdo de que las mentes libres, en el arte como en cualquier otro aspecto de la vida, son siempre mutiladas en la mayor medida de lo posible, por el poder.
No comparto del todo la visión de Truffaut sobre el tema, pero su clasificación del cine de Welles me resulta del todo ocurrente y recurrente. “Sed de Mal” pertenecería según sus palabras, a las películas que realizó con “la mano izquierda”, junto a “El extranjero”, “Mr. Arkadin”, “Otelo”, “Macbeth” y el mediometraje “Una historia inmortal”, en contraposición a las “hechas con la mano derecha”, “Ciudadano Kane”, “El cuarto mandamiento” y “La dama de Shangai”. Aunque hubiera que matizar multitud de detalles, esta diferenciación distingue por un lado, el cine que se considera seminal de Welles, en contra de esas películas que dirigió buscando la auto-realización y el cumplimiento de su inabarcable ambición artística. Un cine marcado por sus devaneos con la industria en la meca del cine y su forzado pero placentero y productivo exilio artístico.
Podríamos decir que fue un capricho del destino que Welles dirigiera esta película. Tras su reciente regreso a U.S.A. y un par de fracasos en televisión, sería Alfred Zugsmith quien le ofreciera participar en el thriller “Badge of Evil”, adaptación de una novela policiaca de Whit Masterson, que iba a protagonizar Charlton Heston. El actor, una vez conocida la participación de Welles, hizo saber a los productores que haría cualquier película que dirigiera el de Kenosha, hecho que provocó que se le ofreciera la dirección a Welles, cuya única condición fue que se le permitiera, en dos semanas, reescribir un guión que no le terminaba de convencer.
Supongo que aunque sea reiterativo, es de justicia entrar en materia, hablando de uno de los mejores comienzos de la historia del cine. Dudo que quede algo nuevo por decir del mejor plano secuencia de la historia, pero es de ley hacerlo. La extrema habilidad como realizador, como creador de escenas y como camarógrafo quedan patentes con esos movimientos de cámara imposibles, con un complejísimo planning de grúa pero sobre todo con la maquiavélica idea de comenzar de esta manera una película. La escena bien podría servir cómo tesis de un posible movimiento cinematográfico que exigiría el apelativo de barroco, pero su aplastante belleza plástica no se detiene en la forma. En tres minutos que dura el plano, se nos presenta esa ciudad fronteriza, entre Méjico y E.E.U.U. llamada “Los Robles”, donde se desarrollará toda la trama. Se nos expone el hecho que desencadena los acontecimientos, rompiendo con la estructura clásica del guión y colocando el catalizador de la historia como fin a esta primera secuencia. Pone en situación al espectador, ambienta la historia y nos da las claves estilísticas en cuanto a decorados, tipología de personajes e iluminación. Orson Welles era un tipo obsesionado por las formas, pero la brutal belleza de su cine radica en llegar a la magnificencia tanto en ese aspecto como en el contenido. Quizá lo que a mí más me interesa del tan alabado plano sea el amor que Orson Welles demuestra por el cine. Por el cine como arte complejo, en el que se unen multitud de oficios artísticos y técnicos para crear una única obra. Así lo corrobora una de sus célebres frases: “El escritor necesita una pluma, el pintor un pincel, el cineasta todo un ejército.”
Lo primero que distingue a “Sed de mal”, del cine negro más purista que bien podrían practicar Lang, en “Perversidad” (1945), Hawks en “El sueño eterno” (1946) o Huston en “El halcón Maltés”, (1941), es situar la historia en esa ciudad fronteriza, otorgándole un marco espacial, que de entrada saca al espectador de ese concepto clásico de “Film Noir”, alejado de callejones y grandes avenidas de ciudades sintomáticas del género, como Nueva York o Chicago o de los clásicos Piano-Bar tan típicos del cine de esta naturaleza, donde se escuchaba Swing hasta altas horas de la madrugada. El viento y el polvo que corren por las calles de arena de “Los Robles”, esa mezcla cultural y económica de sus habitantes, hechos como que haya cabras paseando al cruzar una esquina y la caracterización extrema, bohemia y exagerada de los personajes son elementos que van creando los primeros distintivos de la narración.
Tras la presentación de la pareja protagonista y de un amplio grupo de los personajes secundarios, que nos guiarán por las distintas subtramas de la historia, todo quedará oscurecido y eclipsado por la aparición de uno de mis personajes favoritos de la gran pantalla. Un plano contrapicado introducirá en la historia a Hank Quinlan.
La complejidad de este personaje, cuyos rasgos físicos y psíquicos están analizados y estudiados hasta el límite, reafirman la misma idea que tiene Welles cuando trabaja con la cámara. Si rueda planos secuencia de extrema complejidad, hecho que no se remite exclusivamente al comienzo, ya que a lo largo de la cinta, son multitud las escenas que sorprenden por su barroca complejidad; con la máquina de escribir, entiende al personaje como un ente complejo y recargado, al que siempre se le puede añadir una manía o un defecto físico con el que crear una nueva idea narrativa. Puro en boca, gabardina y sombrero trascendentalmente policiacos, ceño fruncido en un rostro orondo, desencajado, profusamente maquillado, que no esconde sus sucias, bastardas, inmorales, asqueadas y repugnantes intenciones, se come la gran pantalla en su primera escena y se convierte en adalid de la inmoralidad y en la primera y más importante paradoja moral que ofrece el guión. Mientras escupe al suelo y al sistema, quejumbrosamente alaba a su “pierna mala”, como consejera de desgracias, para que el propio Welles, en su papel de director cometa de nuevo el pecado de presentar a su personaje, casi con la misma destreza diabólica que ha presentado la película. Welles parece descargar todos sus sentimientos negativos sobre el personaje de Quinlan. No es sólo su adicción a la bebida, o la gula con la que alimenta su orondo cuerpo, como hacía el propio Welles por esos años, sino según llego a entender o razonar, sus propios miedos y frustraciones ante su propia rebeldía y el exilio no deseado, del circo de Hollywood. Esta película suponía la confirmación oficial de su regreso y utilizó a su personaje, para deleitar a su propio desprecio por un sistema que siempre le trató como un pirata o un forajido y forastero. Rompe los cánones del detective clásico de cine negro, como los arquetípicos Marlowe y Spade, que crearan Raymond Chandler y Dashiel Hammett, con un Quinlan, más corrupto y menos romántico. Llevando las características del personaje hacia los extremos como era propio siempre en el trabajo del director.
La patente de corso de Welles es la notable complejidad y la desbordante concepción visual de su relato, logrando que estas no priven a la película de convertirse en algo entretenido, divertido y lleno de ritmo, a pesar de las atrocidades realizadas por la productora en un gran trabajo de montaje. El guión sobre esa vulgar novela de Whit Masterson, crea una narración crítica sobre el poder y la corrupción, temas tan en boga especialmente en el cine negro clásico, pero también sobre el amor y la soledad de forma más soterrada, pero convirtiéndose en esencia de la cinta.
El reparto es sin duda espectacular. Dejando de lado al propio Welles, hablaríamos de un Charlton Heston que se aleja por completo de sus trabajos anteriores y posteriores, en el papel del policía de narcóticos Mike Vargas, cuya mayor virtud, junto a Janet Leigh es la de equilibrar la balanza de la excentricidad y lo bohemio propia del resto de personajes, contra el clasicismo y la empatía social de esta pareja de recién casados, que pretenden pasar su luna de miel. Vargas sirve de antagonista a Quinlan, en ese duelo moral que viene a representar la eterna lucha entre el bien y el mal. Las cinematográficamente maravillosas, sucias e inmorales propuestas del personaje de Welles se contraponen con el personaje de Heston, en una idea tan antigua como el hombre, de la esperanza contra la muerte.
El personaje de Leigh, lo describe el guión como “una peculiar combinación de inteligencia y simplicidad” y servirá a la historia como nexo de batalla entre los antagonistas. Si Vargas daría su vida por ella, Quinlan la utilizará como mercancía para sus salvajes propósitos. Este personaje fue sin duda el referente que utilizaría Hitchcock, para darle el papel de Marion Crane en “Psycho”. Y no es la única referencia que toma el maestro inglés de “Sed de Mal”, para su archiconocida historia de terror.
El plantel de secundarios conforma las ramificaciones narrativas de este laberinto artístico tan complejo como atrayente. Debo hablar de tres personajes y sus tres actores correspondientes. El primero es mi admiradísimo Akim Tamiroff, en el papel de Tío Grandi, jefe de la familia de particulares gansteres rurales. Su caracterización de mafioso mexicano, hipócrita, cobarde y servil, aparte de excesiva, como siempre le pedía Welles, es deliciosamente honesta con los cánones interpretativos. Es tan bueno o mejor que su Sancho Panza, en “Don Quijote de Orson Welles” (“Don Quixote”, 1992) o que su surrealista personaje en “El proceso” (“The Trial” 1962). El segundo es Joseph Calleia, en un papel secundario, de ruin y corrupto policía, cuya batalla con la moral, es quizá la más interesante por su transformación definitiva. Adoro la interpretación de Calleia, por saber emocionarme, por causarme odio, lástima y admiración con habilidad pasmosa. El tercer personaje es el rostro más seductor de la historia del cine, mi admirada berlinesa de pro, Marlene Dietrich. Su personaje, de gitana con poderes adivinatorios que bien deja el dicho “Más sabe el diablo por viejo, que por diablo”, representa el amor perdido y aquello que seríamos en esencia, si pudiéramos alejarnos de nuestras circunstancias. Inmensa curiosidad cinéfila me producen los cameos de Joseph Cotten y Zsa Zsa Gabor.
Mención aparte la interpretación de Dennis Weaver, cuyo personaje es la base del Norman Bates de Hitchcock. Un tipo recepcionista y camarero de motel, sobreprotegido por su madre con serios problemas para relacionarse con sus semejantes. Es curioso y da un juego magnífico en el nudo de la trama.
Welles aseguró repetidas veces que nunca leyó la novela en la que se basaba el “primer y ridículo”, según sus palabras, guión de Monash, así como que no sabía porque le habían dado el título de “Badge of Evil”, según le comentaría a Bogdanovich, pero que resultaba apropiado. Tras la reescritura de este por parte de Orson, se convirtió en este retorcido “tour de forcé” que hoy podemos ver como una de las cumbres del cine negro.
Insistiendo con la idea de cine barroco que nos ofrece Welles en “Sed de mal”, es de vital importancia cómo recarga las escenas con multitud de personajes, donde intervienen todos en un solo plano. La famosa escena de los interrogatorios en el motel, deja pasar por ese plano medio a más de diez personajes en una pequeña habitación y crea una bella escultura en imagen desde todos los puntos de vista posibles ante una trama compleja, pero alejada de rompecabezas desquiciados aunque virtuosos y apasionantes de cintas como “El sueño eterno” (“The big sleep, 1946″). En estos momentos, se aprecia la concepción teatral que tenía Welles del cine. Sus orígenes en el Mercury Theater o su loca admiración por el genial Shakespeare, quedan patentes en estas escenas, donde el decorado se convierte en un escenario, con la cámara fija y multitud de personajes entrando y saliendo para aportar sus diálogos e interpretaciones personales.
La maravillosa virtud del director es hacer del exceso genialidad, del cine un juego de ajedrez, con las blancas que son la historia, con las negras, que son los personajes y con un tablero que es su reluciente y esplendorosa técnica como realizador. Esa complejidad de su cine, cuidando hasta el último detalle en cada fase de creación de la película me maravillará siempre. El guión de “Sed de Mal” es casi perfecto, pero el orondo amante de los puros y el fino andaluz, tiene tiempo para desbocar sus ideales técnicos en cada escena. La riqueza del “método” de “Sed de mal” es simplemente brutal. Hecho que no extraña en un tipo que debutó en Hollywood, con una película enciclopédica de todo el cine realizado hasta la época, a la edad de 25 años. Esos asesinatos a ritmo de un swing absolutamente diabólico, hablan de un guión de lo más macabro. Su habilidad para la ironía y el sarcasmo ante la corrupción y la hipocresía social de la época, que es exactamente un reflejo de la actual, toma forma desde una seriedad dramática completamente opuesta a la humorística y desinhibida ironía de Billy Wilder, pero ambas conforman dos caras de una misma moneda, la del cine como arte mayor.
El tempo narrativo de la cinta es tan brumoso como sus personajes, su guión o la historia que trata. Lejos de pretender el más puro entretenimiento, se deleita con la técnica y la profundidad de los personajes. La sensación que produce el montaje, es la de entrar en un lugar inhóspito, frío y lleno de sombras y no me parece una cinta para dejarse llevar, si no para adentrarse en ella como espectador activo. Puede parecer que en determinados momentos pierde ritmo, pero entiendo que es absolutamente necesario para el director, tomarse tiempo para desarrollar sus inquietudes cinematográficas y abandonar todo aquello que pretende mostrar sencillez.
La profundidad de campo era algo que obsesionaba a Welles, como creador de cine. Cualquier momento es bueno para colocar una cámara suficientemente baja, para rodar un ligero contrapicado, realzando la presencia de los actores en primer plano y dejar un largo recorrido de fondo para que el ojo escribiente de la cámara ponga en escena un hermoso cuadro fílmico. Escenas como la ocurrida en el archivo, vuelven a poner de manifiesto, la idea que tenía Welles del cine, como un arte complejo, aprovechando al mismo tiempo, la oportunidad para saltarse a la torera (y nunca mejor dicho), la concepción comercial del cine que tenían los productores de Hollywood.
La fotografía en blanco y negro de Russell Metty, se deleita en la influencia expresionista del mejor cine negro. Sus trabajos como director de fotografía en 163 películas, entre 1934 y 1977, le avalan como gran profesional y como compositor de imágenes. En 1961 obtuvo el Oscar a la mejor dirección de fotografía por el “Espartaco” (Spartacus, 1960) de Stanley Kubrick. La potencia visual de Metty se entrelaza a la perfección con el barroquismo de Welles. Con fulgurantes claro-oscuros, sombras que bien podrían haber pertenecido a cualquier clásico de terror de la Universal y una iluminación elocuente, ennegrecida y ácida sirve de marco ambiental para esos personajes colmados precisamente de luz y oscuridad.
En ese virtuosismo técnico que cuida en detalle cada ámbito de la película, debo destacar un especial trato del sonido. Sobre todo, llama la atención el sonido ambiente, donde el director recrea a la perfección la ciudad. El viento, los coches o el sonido de fondo de gente murmurando vuelven a dejar en gran lugar la artesanía cinematográfica de esta gran obra, alejada por completo de artificios. La ambientación sonora aparte de estar muy cuidada, consigue el efecto más importante que debe producir, enfatizar las circunstanciales espaciales de las escenas. El maestro con un simple efecto de viento nos hace sentir el seco calor del desierto mexicano.
En este sentido, la partitura de Mancini es una obra maestra que mezcla jazz, honky tonk o incluso rhythm and blues, con una percusión Afro-cubana que bien recuerda a lo que hizo Heinz Roemheld en otra obra maestra del director, titulada “The lady from Shanghai” (La dama de Shanghai, 1947).
“Sed de Mal” es la quinta y última película que Welles rodó en Hollywood. Obtuvo un fracaso comercial rotundo en su país, donde fue calificada como cine de Serie B, además de “pretenciosa”, “amanerada”, “sórdida”, “basura” y “folletín”. En Europa tuvo mejor acogida, donde fue elogiada y ganó el premio de mejor película en el Festival de Cine de Bruselas, con un jurado en el que estaban, Jean Luc Godard y Francois Truffaut. Paul Schrader, director de cine y guionista de “Taxi Driver” (1976), la calificó como “el último gran vestigio del cine negro”.
SE PRESENTA EN PRIVADO, EL PRIMER MONTAJE DE “EL CABALLERO OSCURO: LA LEYENDA RENACE”.-
El pasado Viernes 16 de Marzo, el director Christopher Nolan, presentó un primer montaje de la tercera parte de “La Leyenda del Caballero Oscuro”, ante la cúpula directiva de Warner Bros Pictures. Entre ellos se encontraba el presidente de la Warner, Jeff Robinov y el presidente de producción Greg Silverman.
Al tratarse de una proyección privada de este tipo, las reacciones de los presentes no han trascendido, según la información que publica “The Hollywood Reporter”, pero al director le queda aún tiempo, para pulir el montaje antes de su estreno, que en nuestro país no será antes del 20 de Julio de este mismo año.
Con esta película Nolan cerrará su trilogía sobre “El hombre murciélago”, en la que volveremos a ver en el papel de Bruce Wayne/Batman a Christian Bale, acompañado del espectacular reparto de anteriores entregas. Michael Caine, Gary Oldman, Morgan Freeman y el resto del amplio reparto harán nuestras delicias en esta historia gótica y oscura sobre la esperanza, que es sin duda de lo mejor de los últimos años, en cuanto a cine comercial se refiere.
Se especula con que el tercer y último trailer de la película, será publicado el 11 de Mayo.
”DON´T FORGET US. WE ARE MOTORHEAD AND WE PLAY ROCK N´ROLL”.-
DIRECTOR: Greg Olliver, Wes Orshoski.-
GUIÓN: Greg Olliver, Wes Orshoski.-
FOTOGRAFÍA: Greg Olliver.-
REPARTO: Lemmy Kilmister.-
MÚSICA: Motorhead.-
GÉNERO: Documental Biográfico.-
AÑO: 2010.-
PRODUCTORA: Lemmy Movie LLC.-
DURACIÓN: 117 min.-
TÍTULO ORIGINAL: “Lemmy”.-
PAÍS: U.S.A.-
Maravilloso documental que me ha dejado con una enorme sonrisa en la cara. LEMMY con mayúsculas es lo que vemos en esta producción de Greg Olliver y Wes Orshosky, que profundiza en la vida del que para algunos es el inventor del heavy metal, pero que para mí es un gran tipo que eligió como forma de vida el más puro y salvaje Rock n´Roll. Un rebelde, un renegado, del que aquí disfrutamos en su forma de mito y en su forma más humana.
Nos desvela que tras esa apariencia de indomesticable y bronco rockero, motero amante del cuero y los tatuajes, hay un tipo capaz de ser entrañable y sobre todo y para mi más importante, capaz de marcar su propio destino.
Mientras vamos disfrutando del rock primario, potente y desenfrenado de sus Motorhead o el menos primario pero más punk, de sus espaciales Hawkwind, las escenas apasionadamente turbadoras se suceden sin más prejuicio que el propio de la rebeldía como estado natural. Entre otras, destacaría la que, entre cervezas, conversa con Billy Bob Thornton.
Un tipo apasionadamente interesado por coleccionar cuchillos o uniformes de oficiales nazis, que en su aseo tiene un pez que canta aquello de “Don´t Worry, be happy”. Un tipo apasionado por los Beatles, Little Richard, Elvis y Jerry Lee Lewis, que rockeaba en los 50, para el que como bien define Dave Grohl, la integridad y la sinceridad son lo más importante.
Me parece una figura turbadora la de Kilmister, por haber convencido al mundo del Rock, de que hace su música desde el corazón, y mucho más, y esto es lo más importante que nos cuenta el documental, de que vive su vida de la misma manera, con su corazón y a su manera. Esto es mucho decir, en el mundo falso, absurdo e interesado en el que vivimos.
El ritmo narrativo no decae en ningún momento y la dirección mejora a otros documentales del mismo género por un montaje más vivo, menos esquemático, en el que hay entrevistas y escenas de archivo pero hay una sabia elección de escenas que presentan al personaje en su estado más natural.
La inclusión de su hijo aporta al documental un tono dramático que viene a reforzar la idea romántica del personaje. Me interesa la idea de que una estrella del rock, ávido consumidor de bourbon y drogas sintéticas, que lo ha vivido y follado todo y que ha abandonado la idea del amor en el único sentido que lo tiene, que es el de la pareja, por el maldito rock n´roll, nos espete que las únicas personas importantes en su vida han sido su madre, su abuela y su hijo. Es algo tan evidente que abruma, pero tiene una belleza especial verle los ojos al contarnos esto.
Como experiencia personal tuve el placer de disfrutar de su directo una vez. No conocía su música salvo en el sentido de que hacían mucho ruido. Fue un exquisito placer disfrutar de tal tormenta de adrenalina y en esta idea se fundamenta la parte del documental dedicada a narrarnos el sonido Motorhead, parte en la que multitud de estrellas, incluidos Metallica o Slash se gestan de alabar, por haber encontrado el sonido más potente del Rock n´Roll.
Un documental arriesgado y honesto sobre un personaje que bien se merecía contar su historia. Para amantes del rock o del buen cine.
Y me despido citando al maestro Eastwood: “Si existe la magia en pelear batallas más allá de lo que uno resiste, es la magia de arriesgar todo por un sueño, que nadie más que tú puede ver”.
Mientras esperamos ávidos de contemplar la tercera parte de lo que ya podemos considerar como la trilogía de “Kill Bill”, que se espera podamos ver en los cines en un todavía lejano 2014, Tarantino nos entretendrá con un Western, que a día de hoy los rumores colocan en las salas de nuestro país, en Enero de 2013.
Será un Western Crepuscular, así que quizá destile el aroma polvoriento de Peckimpah o incluso de Clint Eastwood. Lo que está claro es que lleva la mano psicótica de Tarantino, y así lo muestran los carteles que se van publicando, con clara evocación de nuestro admirado Sergio Leone. Lo que a mi me transmite es más Exploitation Crepuscular que cualquier otra cosa, pero eso es una opinión personal. Esperemos que sea algo más serio que la fanfarria cinéfila que fué “Malditos Bastardos”, (“Inglorious Basterds” 2009) en la que lo único interesante fué ver a Christoph Waltz y entretenerme buscando carteles de Clouzot por aquel cine alemán. Waltz repite y Leonardo di Caprio comienza relación cinematográfica con el director, que ya lo intentara con él sin conseguirlo, en la mencionada producción. Los acompañarán Jamie Foxx, en el papel protagonista, (Django), Kerry Whasington, Kurt Russell, Joseph Gordon-Levitt y Samuel L. Jackson entre otros.
Tarantino escribe y dirige, como de costumbre y como de costumbre fotografiará el habitual Robert Richardson.
Un esclavo liberado, entrenado por el caza-recompensas interpretado por Waltz, se propone liberar a su esposa, para lo que tendrá que enfrentarse al dueño de una plantación.
Esto de “Once upon a time in the south”, a mi me suena a cachondeo, aunque pueda ser apropiado para el argumento que posee. Además de que no puedo dejar de pensar en “Sukiyaki Western Django”, título dirigido por Takashi Miike, en la que el propio Tarantino participó. Espero que se trate de algo interesante, cualitativamente equiparable a “Kill Bill, volumen 2″ y no una burda copia del trabajo del japonés o una parodia del crepuscular de Leone.
…”Y EL CUERVO INMÓVIL, FÚNEBRE Y ADUSTO SIGUE SIEMPRE DE PALAS SOBRE EL BUSTO, Y BAJO MI FANAL…”
El director de “V de Vendetta” James McTeigue introduce una vez más la maquinaria cinematográfica en el tétrico y delirante universo de Edgar Allan Poe, que ya visitaran en el pasado célebres como Roger Corman o Boris Karloff y Bela Lugosi. Pero lejos de aquellas cintas de Serie B, se nos plantea una versión puramente mainstream.
Se estrenará el próximo 15 de Junio de 2012 en nuestro país y la protagonizará John Cusack, inmenso actor que nos encandiló en “Medianoche en el jardín del bien y del mal”,(1997) o “Cómo ser John Malkovich”(1999) y que ahora se pone en la piel del escritor romántico. El reparto lo completarán Luke Evans, Alice Eve y Brendan Gleeson entre otros.
La historia nos sitúa en los últimos días del genial escritor. Mientras colabora en la búsqueda de un asesino cuyos crímenes están inspirados en sus obras.
La muerte del escritor aparece aún hoy envuelta en un misterio, tal y como recoge el propio Julio Cortázar. Se dice que fue encontrado en las calles de Baltimore en un estado de delirio que jamás llegó a explicar. Invocaba obsesivamente el nombre de Reynolds, que bien podría ser el explorador polar de su novela “La narración de Arthur Gordon Pym”. Las especulaciones sobre su muerte hablaron de Delirium Tremens, ataque cardiaco, cólera e incluso se barajó el asesinato.
Se trata de una coproducción entre Estados Unidos, Hungría y España, en la que participan las productoras Intrepid Pictures, FilmNation Entertainment, Galavis Film y Pioneer Pictures.
Un thriller de intriga, oscuro y lúgubre como la obra del poeta, cuyo mayor interés será el propio personaje y el mayor morbo lo pondrán esos últimos días.
EXPECTACIÓN Y EXCITACIÓN ANTE EL ESTRENO MÁS INTERESANTE QUE DE MOMENTO NOS DEPARA 2012.-
La particular visión que Walter Salles nos ofrecerá de la novela de Jack Kerouac, “On the road”, comienza a tomar forma y empezamos a recibir noticias interesantes. Ya se ha publicado el primer trailer del largometraje, donde se atisban interpretaciones apasionantes, como la de una Kristen Stewart, que estoy seguro pronto nos hará olvidar sus decadentes niñerías vampíricas, con papeles serios como el que nos ocupa. El trailer me ofrece la sensación de verla como una auténtica “Femme Fatale” de la Generación Beat y un Sam Riley que aparentemente nos mostrará un Kerouac, sumamente convincente. No puedo decir que Garret Hedlund y la sobre-estimadísima Kirsten Dunst, me produzcan las mismas sensaciones, pero no podía ser todo perfecto. Veremos lo que dan de sí. Es, por infinitas razones el estreno que más seduce a mis instintos cinéfilos y este primer bocado me resulta, cuando menos… apetecible.
“The only people for me are the mad ones, the ones who are mad to live, mad to talk, mad to be saved, desirous of everything at the same time, the ones who never yawn or say a commonplace thing, but burn, burn, burn, like fabulous yellow roman candles exploding like spiders across the stars and in the middle you see the blue centerlight pop and everybody goes “Awww!”".
NIMRÓD ANTAL COMIENZA A TRABAJAR EN UNA PELÍCULA SOBRE “METALLICA”.-
La web oficial de la famosa banda de “Thrash Metal”, “Metallica”, http://www.metallica.com, anunció el pasado 7 de marzo de 2012, el nuevo documental sobre la banda Angelina en 3D, que rodará el húngaro Nimród Antal bajo la producción de Charlotte Huggins.
La banda ha anunciado que se encuentra entusiasmada ante la idea de trabajar con el director de películas como “Kontroll”, ganadora del “Prix de la Jeunesse”, en el festival de Cannes 2004, u otras como “Armored” con Lawrence Fishburne y Matt Dillon y la distópica “Predators”, con Adrien Brody. Huggins se presenta para este proyecto como una figura de vanguardia en el mundo del 3D, habiendo producido proyectos como “Fly me to the Moon” y las dos partes de “Viaje al centro de la tierra”, estrenadas en 2008 y 2012. Se trata del quinto documental sobre la banda, después de aquel curioso “Metallica: Some Kind of Monster” de 2004.
El rodaje está planeado para Agosto de este año y el estreno se espera en el verano de 2013.
“VIVÍ UNAS SEMANAS MIENTRAS ME AMASTE”. “RETRATO DE UN “KILLER” SENTIMENTAL”.-
DIRECTOR: Nicholas Ray.-
GUIÓN: Andrew Solt.-
FOTOGRAFÍA: Burnett Guffey (BYN).-
REPARTO: Humphrey Bogart, Gloria Grahame, Frank Lovejoy, Robert Warwick, Jeff Donnell, Martha Stewart, Carl Benton Reid, Art Smith, Morris Ankrum, Steven Geray, William Ching.-
MÚSICA: George Antheil.-
GÉNERO: Cine Negro, Drama.-
AÑO: 1950.-
PRODUCTORA: Universal Pictures.-
DURACIÓN: 91 min.-
TÍTULO ORIGINAL: “In a lonely place”.-
PAÍS: U.S.A.-
Ray había sido ayudante de dirección de Elia Kazan, cuyas clases de dirección de actores, famosas por llevar siempre hasta el límite a sus estudiantes, le marcaron para siempre. Antes de rodar su obra más representativa bajo contrato con la Warner, la inolvidable “Rebelde sin causa”, rodó este híbrido drama, con su particular estilo, que tomando las características principales del cine negro, se introduce en un cine de autor siempre estusiasmado por explorar los límites de los sentimientos humanos. Esta idea se podría aplicar a la mayoría de las películas de Ray, convirtiéndolo en un director diferente, siempre alejado en cierta medida del mainstream, por su especial carácter.
El guión de “En un lugar solitario”, se basa en la novela homónima de Dorothy Hughes, publicada en 1947. Retrata la figura de un guionista cinematográfico en horas bajas, de repudiable carácter, desde la perspectiva que el film noir había hecho inmensamente famoso a Humphrey Bogart. La perspectiva de personajes como Philip Marlowe o Samuel Spade que el irremplazable actor ya había interpretado bajo la tutela de John Huston o Howard Hawks. Estos eternos moradores de la soledad y las sombras, en esta obra se convierten en un ciudadano corriente de la clase media de Hollywood y cuyo auténtico rol en la historia es el de eterno culpable.
Dix Steele es ese guionista violento y conflictivo interpretado magistralmente por mi adorado Bogart, que tiene el arduo trabajo de adaptar al cine un best-seller de escasísima calidad. Tras enterarse en el club que frecuenta, de que Mildred, la chica del guardarropa ha leído la novela, la convence para llevarla a su apartamento y que le cuente la historia. A la mañana siguiente la policía se presenta en el apartamento, situando a Steele como primer sospechoso de la muerte de Mildred.
La película queda definida por la relación entre los dos personajes principales, en un careo entre dos colosos del cine clásico como son Humphrey Bogart y Gloria Grahame. Bogart tenía en su bolsillo a la industria, al público y a la crítica, con sus interpretaciones de tipo duro, sin escrúpulos, solitario y oscuro. Este papel parecía escrito para él. La violencia, la infinita seguridad en sí mismo, la actitud despectiva ante el resto del mundo y unos diálogos genéricos del cine negro, que siempre dan la réplica perfecta al amor incondicional que recibe del personaje de Grahame, dejaron la impronta de un mítico personaje más. Cuando el carácter de las personas es superior a su inteligencia todo está perdido. Cuando la incapacidad de control sobre los instintos y el yo, son superiores a la templanza y la voluntad, el amor se diluye en el miedo y el rencor. El personaje de Bogart convierte el amor entre ellos, en un lugar solitario.
Gloria Grahame es la abnegada amante. Esa amante que representa con claridad infinita lo que significa algo tan bello como el amor incondicional. Esta actriz parecía haber nacido para el cine negro. Su belleza y su innata capacidad para representar la inocencia hace de ella una actriz perfecta para este papel. Esa misma capacidad la convertiría en una de las actrices por excelencia de los años 50, en películas como “Los Sobornados” (The Big Heat, 1953) o “Deseos humanos”(Human Desire, 1954), ambas del maestro Lang. En este caso su personaje de extrema inocencia recrea un sórdido drama con un Bogart que se pierde en la mentira, la sordidez y la suciedad moral. Esa belleza de Grahame está cerca de lo salvaje, en un papel más amable, adulto e inteligente a los que acostumbraba, llegando al nivel interpretativo de Rita Hayworth, pero sin el lastre artístico de ser un icono sexual como ella o como lo fuera Marilyn y en algunos casos superando a ambas.
Como cine negro, la película presenta personajes desesperanzados y solitarios, el asesinato necesario para el género y una intriga perfecta que deja en perfecto lugar al montador aparte del director que marca un tempo narrativo perfecto. Pero no hay cine negro sin diálogos sarcásticos, hirientes y salvajes, un claro ejemplo sería una de las frases que más gracia me hizo de la cinta:
¿Sabes que me he casado?
¿Porqué?
No se… tenía unos dólares ahorrados… además me gusta.
La fotografía en blanco y negro de Burnett Guffey, (“Human Desire” Fritz Lang, 1954, “From here to eternity” Fred Zinnemann, 1953)es simplemente perfecta. Jamás exagera con los juegos de luz, en un poema lumínico de sobriedad y elegancia. Deja a un lado los excesos de otras películas del género, para hacer una fotografía coherente, equilibrada y elegante que guía a la película hacia cánones más comerciales, pero también acercándose al estilo del director, que no era amante de improvisaciones o excesos en este sentido. Es más suave y menos personal que la de gente como Greg Toland o Milton Krasner, pero tiene la virtud de la belleza a través de una compleja sencillez.
El uso de la profundidad de campo mezclado con diálogos fuera del plano, donde los dos protagonistas simplemente se miran, son seductores, negros y de una capacidad artística encomiable. Alejan de lo cotidiano al personaje protagonista, para sumergirle en su propio universo, le alejan de lo frívolo y lo banal. Aunque es un personaje con exceso de ego, vanidoso y egoísta, de los que cumplen sus sueños sin esfuerzo. O eso dicen… A Ray le obsesionaban los sentimientos de sus personajes, de ahí esos movimientos de cámara lentos y armoniosos, o esos planos fuera de la conversación.
Me resulta bello verla hoy por las diferencias morales entre sus personajes y los tiempos que vivimos. Destila honestidad y amor por el género. Es una película más amable y más cómica que la media del cine negro de los 40 y al mismo tiempo un drama de magnitudes épicas y una cinta más oscura en su narrativa que el estilo del propio director.
La Banda Sonora de George Antheil ambienta la obra con instrumentos de cuerda y viento, siendo especialmente incisiva en algunas bellas y bajas notas de violonchelo. Reafirma las ideas estilísticas de Nicholas Ray y profundiza a la perfección en ese deplorable personaje.
Pocas películas han representado la violencia como parte del carácter de una forma tan representativa y cruda. La violencia “Como el color de sus ojos, o la forma de su cabeza”. Analizando desde dentro el mundo del cine, en una bajada a los infiernos ganada a pulso y con esfuerzo, para tirar por tierra lo que podría haber sido una visita eterna al paraíso. Duele y deja huella. Posiblemente mi favorita de Ray.